Nacida como marca de marroquinería en los albores del siglo XX, la firma, entonces llamada Fratelli Prada, prospera a lo largo de varias décadas vendiendo bolsos y artículos de viaje fabricados a mano con las mejores pieles de Italia. Pero no fue hasta la llegada de Miuccia Prada, nieta de Mario Prada, cofundador de la marca, que Prada se convirtió en el gigante del lujo que es hoy en día. La receta del éxito: una creadora ingeniosa, el hecho de ir siempre un paso por delante y una línea de accesorios que se hizo mítica.
Nada predestinado a esta joven de buena familia a convertirse en la gurú de la moda italiana. A principios de los años 1970, la entonces estudiante de Ciencias Políticas, militante del Partido Comunista Italiano, feminista comprometida y aprendiz de mimo en su tiempo libre, Miuccia Prada trabaja en la tienda familiar de marroquinería en Milán para asegurarse una independencia financiera. A finales de los años 1970, imagina un bolso que rompe con los modelos de charol negro de la marca: un modelo tejido con hilo de nailon militar, cerrado con cremallera y extremadamente práctico gracias a su flexibilidad y a su ligereza.
La imagen muestra la antigua línea Rosa de Prada.
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